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Revelaciones que permanecen. Texto de homenaje al poeta tras su partida.

  • Foto del escritor: Rafael Calderón
    Rafael Calderón
  • 22 oct 2025
  • 6 Min. de lectura

(Salomón Villaseñor, in memoriam)


Salomón Villaseñor, revelaciones que permanecen.

Siempre he tenido una admiración inquebrantable por quienes tienen ese don particular de analizar un poema y, a partir de esto, invitar a conocer al poeta o autor en cuestión. La considero una síntesis tan admirable como reconocer el brillo que teje y desteje el ejemplo de un poema. Es interesante y un ejemplo que se vuelva parte de su presencia. Pero debo decir que esa admiración para mí es doble cuando se trata de un poema más bien breve. Para lo cual, hay que hacer el esfuerzo de reflexionar sobre el poema y su presencia, el lugar donde se encuentra, reconocer sus posibilidades y explorar los temas que transmite. O, acotar que no es lo mismo detenerse a analizar uno más bien extenso, intenso y hasta deslumbrante a lo largo de sus párrafos, que uno pequeño, conciso y de un puñado de versos que son fugaces pero inmediatos y donde la perfección de sus metáforas se vuelve entrañable y, por este hecho, explorar la posibilidad de sus efectos. Para este ejemplo, sin llegar a hacer una exploración amplia, e invitar a conocer a su autor, he elegido de Elipse de los muelles, un título que reúne estas características.


El título mismo del poema es un encuentro con el lenguaje. Se trata del “Romance del clérigo”. Por un lado, la palabra “romance” remite a encuentros o significados diferentes y tiene una larga tradición. Cada quien puede ir explorando el rumbo porque esta palabra suscita una exploración intensa o rápida. La segunda palabra, “clérigo”, podría asegurar: vaya manera de complementar el mundo de la poesía. Lo que quiero decir es que hemos llegado aquí por un poema, y no es un poema extenso, como nos tiene acostumbrados Salomón Villaseñor por lo que se refiere a los últimos títulos publicados. Se trata de un poema breve y conciso, que encierra pasión y nos hace reflexionar, e ir lejos en el tiempo. Así que hay que aclarar que tampoco es un romance a la manera tradicional que en este género se puede aducir, sino que lo que encierra es perfectamente entendible: es un poema con sus respuestas en verso libre y sucumbe por una combinación de versos irregulares.


Es decir, la voz del autor es la que lo define, y en su juego de espacio y tiempo, queremos encontrar su eco e ir tal vez al romancero para decirlo como ejemplo de una síntesis; por esa voz hay que señalar que al anteponer la segunda palabra sucede o termina por realizar la conexión. Pero, lejos en el tiempo, el clérigo fue, hace muchos años, un hombre letrado que poseía estudios escolásticos y es justamente el hombre que no sabía latín, pero al fin, hombre sabio. Entonces hay que decir que tal vez de ahí se deriva esa pasión que hoy día deriva la presencia del poeta, por incómoda o seductora que pueda ser su personalidad, y es una figura del poeta de acción doble y apasionada, y recordar que no se ha podido explicar la presencia del poeta ante la sociedad, pero se asegura una y otra vez que es el hombre que escribe versos y con su escritura adquiere renombre, hasta respeto; como ejemplo de personalidad está en sus poemas y si en estos hay poesía, tenemos ya un resumen de lo que en sí es la profesión del poeta.


Así que hay que ir al poema y encontrar la vigencia de ese don: esto sucede con el lenguaje y las palabras, el idioma y las múltiples sensaciones y explorar lo que encierran los versos en el “Romance del clérigo”: “Desnudo / Bajo tu sombra / veo pasar las nubes / y me asombra que dudes / que la sombra me nombra / Me extraña… la entraña / y me crece la duda / Desnudo / Desato / Te anudo / Te ato / bajo tu sombra / desnuda / que anuda mi sombra / al ver pasar las nubes”.



Un resumen podría ser que explora temas entre la vulnerabilidad y la duda; es decir, la voz se percibe desnuda y experimentar por su tono y por su ritmo una creciente duda sobre su propia presencia al hablar de la sombra y su asombro, reconocida y nombrada; sucede la conexión, el desapego: la voz refleja ese ritmo de fragmentos que son al unísono un sonido singular o plural, un ejemplo de su tono y un cúmulo de momentos. Menciona instantes como desatar, anudar, atar, y se percibe el efecto de su musicalidad. La secuencia impone instantes de durabilidad en un ciclo de unión y liberación y la relación de hechos por la sombra, por su propia percepción; quiero decir, es una imagen central, ligada a su identidad y sobresale su voz, la de un yo activo. Después pasa a esa forma plural de cómo se percibe su relación con el entorno o cómo se desenvuelven con su tiempo y remata la relación de sucesos o la singularidad que tienen como presencia; las nubes y la sombra suceden al mismo tiempo.


Es también este romance del clérigo parte de la intimidad o el asombro; transmite esa sensación. Es la sorpresa y el arrobo ante la duda del otro y asegurar que hay una conexión, tal vez hasta profunda y descender por las coordenadas que son propias de la cotidianidad, pero es la luz y el tiempo que germina como parte de su memoria. Su autor permite conocer su itinerario en esa escritura que de pronto resulta inquieta y otras veces deslumbrante.

Y como estamos en la ciudad de Morelia, donde la tradición de la poesía es un cúmulo de encuentros y resaltar personalidades. Hay que ver que aquí se sitúa muy bien la presencia de Salomón Villaseñor. Es ya un ejemplo donde la poesía tiene un lugar en su vida y, gracias a que se fue a la Ciudad de México, su retorno es el encuentro con una escritura permeable o llena de recuerdos. En esta tradición local, para el rumbo de la poesía mexicana, se ubica con otros autores que ahora rondan los sesenta y tantos años. Es de una generación de poetas mexicanos a la que les correspondió cerrar el siglo XX. Así que hay que recordar que su verdadero lugar como poeta floreció en la Ciudad de México. Como recordar que llegó a los sesenta años con la firme convicción de que sus poemas son suyos y los divulga bajo un ideario interesante, además de figurar en alguna antología, corona su presencia con títulos como En la hora del ríoEl silencio y sus conjuros y Agualuna.


Pero Elipse de los muelles es el título, genera encanto, registra seducción. Es un título acertado y permite conocer la evolución de su estilo. Es también el título una manera personal para ir al encuentro con su poesía. Porque resuelve para bien el ejemplo de su escritura: refleja un conjunto de versos que representa esas coordenadas; y porque esa forma de su escritura, el resultado es el poema y llega a ser más bien interesante. Su evolución genera una dinámica que invita a su lectura. Al leer los epígrafes, tanto el de Xavier Villaurrutia como el de Jorge Luis Borges, se tiene el presentimiento de que se está ante una obra que valdría ser explorada o buscar algunas respuestas y sumar estas coordenadas en una directriz que revela la presencia de su poética.


Se vislumbra que los poemas de esta obra encierran un resplandor o, finalmente, sucede un cúmulo de metáforas. Por sus páginas, palpita el agua de los ríos, y hay que ver de cuáles emerge, y percibir su presencia en la tradición de la poesía mexicana. Por esto, genera la reconstrucción de una estructura que revela musicalidad; siembra la duda y las interrogantes hacer notar la presencia de un posible exilio interior. No es ajeno Salomón Villaseñor a cierta melancolía, ni al desasosiego de la vida. En Elipse de los muelles hay elementos plenos como la noche y la luz solar transmite esa atmósfera. Es también un encuentro con las reflexiones que tienen que ver con el pasado y las consecuencias propias de la escritura: estas revelaciones permanecen como parte del poema.


*Texto leído en la presentación de Elipse de los muelles, Museo del Estado de Morelia, el 18 de septiembre de 2025. 

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